20 mayo, 2010

La canción de la Barda


Una poetisa sin instrumento

fue a preguntarle al bardo de la aldea

cómo conseguir estremecer el corazón de los hombres.


-Es fácil, hija mía- respondió el joven elfo

de cabellos dorados-

Solo has de aprender a tocar el arpa,

el piano, la flauta o tal vez

algún instrumento más rebuscado

como la lira que tocaban antaño

en la fortaleza de los galos.


-No tengo instrumento, sabio elfo-

contestó ella –

solo tengo mis desvencijadas letras,

poemas hechos trizas,

sonetos que hablan de doncellas,

elegías al viento y la ceniza.


-Entonces, hija mía,

no necesitas nada más,

pues no es más músico

aquel que sabe tocar un instrumento,

sino el que sabe imprimir

el ritmo de la música a sus versos

mientras reina el silencio.

Tú eres una barda, hija mía,

huérfana de instrumento

pero no por ello significa

que carezcas del espíritu con el que las musas

bañan a los artistas.

No tocarás la flauta,

pero no me negarás que con tus letras,

al igual que hacen los músicos,

sabes tocar el alma.


Y la barda hizo una canción sin fusas ni semifusas,

a base de silencios y corcheas mudas.

Sus letras colmaron las llanuras de su aldea,

y en aquel lugar, no hubo ningún rincón

que no estuviera lleno de música,

dedicada a aquel que,

aún amando el silencio, sepa escucharla.




No hay comentarios: