16 marzo, 2010

Ciudad Jardín


Paseo por tus calles. Tus calles que ya no son tus calles, sino las mías. Paseo por mis calles, que en su día fueron tus calles y percibo tu ausencia.

Recuerdo con cariño nuestras tardes, pero no siento ninguna otra cosa que me sepa a nostalgia. No percibo tristeza, quizá tan solo algo de pena hacia aquello en lo que te has convertido. O tal vez lo que ocurrió es que siempre fuiste un monstruo y yo no me quise dar cuenta. O tal vez nunca tuviste a alguien como yo a tu lado y por eso, cuando me conociste, acaricié sin darme cuenta los mecanismos que te harían caer en la más absoluta locura y desesperación. O quizá ya estabas loco y desesperado y solo querías que alguien te hiciera compañía en tu viaje hacia el abismo.

No lo sé.

El caso es que camino por mis calles y me siento libre sin tu presencia. Camino por mis calles y me siento en paz. Recuerdo los problemas que has intentado causarme y el lugar en que eso te deja. Recuerdo que no has podido conmigo.

Y te recuerdo que nunca podrás. Ahora menos que nunca.


Desaparece de mi vida.

Me resulta tan fácil olvidarte…

¿No te das cuenta?

Un, dos, tres.

Y ya no estás.

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